El Palmar

Durante años, la playa de El Palmar fue un territorio abierto, casi vacío. Un lugar donde el tiempo parecía diluirse entre la arena, el viento y el horizonte. Estas imágenes nacen de ese estado previo, cuando el paisaje aún conservaba una escala íntima y el gesto humano apenas dejaba rastro.

La niebla, el cielo bajo y la línea inestable del mar construyen un espacio suspendido. No hay acontecimiento, solo una presencia constante: el paso del tiempo sobre un territorio que cambia sin ruido. El agua que avanza y retrocede, la arena que se desplaza, las nubes que transforman la luz.

Hoy, El Palmar es un espacio saturado. Estas fotografías funcionan como una memoria visual de lo que fue: un paisaje antes de ser ocupado, antes de ser transformado por la repetición y el uso. No como denuncia, sino como observación.

Un intento de detenerse en lo frágil, en lo que desaparece lentamente. En ese instante en el que el paisaje aún podía ser habitado desde el silencio.

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